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Azor - Vicente Pinto

Meciéndome en tu pensamiento, recorriendo los caminos sinuosos y naturales de tu cerebro y arrebatando al tiempo la osadía de que existan otras cosas y otros haceres, dejando fluir lo que exista y lo que existe a través de mí, viviendo en el amor, contemplando desde arriba, este enjambre de abejas unos, de avispas otros, y viviendo la sensación de vivir en la casa oculta que hay en las cumbres de la libertad total, desnudo ante los paisajes de la vida y agradeciendo al Dios de la comprensión que exista, y que me muestre parte de manada sin huir; sólo soltado, porque me ha enseñado lo lejos que queda todo cuando está fuera de tí...
Que lejos queda todo cuando comprendes que has comprendido...

Entonces la densidad del aire y del pensamiento se abre como el mar que se abrió, para dar paso al futuro...

 

  
 
 

Andrés Jaso (50 años) – Pamplona

Tenía una doble hernia discal entre L4, L5, L6, llevaba 2 meses de baja, el dolor era insoportable no había postura que me consolase, tan solo un poco de alivio en la posición tumbada en un triclineo como los emperadores romanos y a cuatro patas fui en esta postura como me llevó mi primo en coche a Madrid y como llegué a la puerta de su consulta.
Vicente queriendo quitar dramatismo dijo a mi mujer que me acompañaba, ¡qué perrillo más raro lleva Ud¡.
Había estado 15 días hospitalizado en Clínica, pero no había nada que me pudiera quitar el dolor.
Así me atendió Vicente a 4 patas, y tras un rato me pidió que si me podía levantar sin dolor, lo hice y sin dolor mi alegría fue tremenda, la vuelta a Pamplona la hice sentado normalmente, incluso comí en la mesa de un restaurante como todos y sin dolor, mi primo que había sido sacerdote, de vez en cuando decía, ¡si no lo veo no lo creo¡.
Luego le visité varias veces más.

 

  
 
 

Isabel García – Burgos

Yo fui su segunda paciente para dejar el tabaco, fumaba cajetilla y media de cigarrillos rubio, yo le conocía de otras consultas de mi marido y mi hija, cuando se lo pedí, me dijo que solo lo había hecho una vez anteriormente pero que creía que podíamos probar. Me tumbó en la camilla, me cubrió con algo para no pasar frío pues me dijo, que durante la sesión probablemente bajara la temperatura, y comenzó a pasar sus manos, yo sentía mucha paz, cuando terminó me ofreció un cigarro, le dije, para nada me apetece y así llevó 3 años, no he sabido ni siquiera lo que es el mono.

 
   
 
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